miércoles, 8 de septiembre de 2010

Distopía

En la primera entrada de este blog definía el término distopía, como el opuesto diametral de la utopía: Una sociedad anti-ideal. Lo peor que puedas imaginarte, lo encontrarás allí.

Ejemplos de distopía son el mundo de los juegos donde Pinocho acaba con orejas y rabo de burro, el mundo de Mad Max o la sociedad del Gran Hermano de 1984.

1984 es el libro que peor me ha hecho sentir, a nivel emocional. La novela en sí es grandiosa y se la recomiendo a todo el mundo, pero me inundó la claustrofobia y la angustia existencial mientras lo leía. El doble pensamiento, el no poder esconderte del Gran Ojo Que Todo lo Ve, el tener que ocultar tus pensamientos, el control absoluto de los poderes sobre ti... Pudo conmigo. Me ahogaba imaginándome un mundo donde no pudiera controlar ni lo que pienso y, donde escribir un simple diario con unas cuantas frases, puede acabar con tu vida. Saber que el Gran Hermano estaba de un lado y de otro, que hicieras lo que hicieras, no eras dueño de tu vida y que libertad es poder decir que seis más tres no son diez... Fue una pesadilla.

No cometeré el horrendo acto de autocompasión de comparar mi existencia con 1984, ni muchísimo menos. Pero la sensación de no controlar nada, está ahí. La sensación de que mi vida no la dirijo yo, sinó que está condicionada y guiada por las decisiones de los demás, está ahí. Yo aún gozo de la libertad de decir que seis más tres son diez y poder discutirlo, aunque sepa que es mentira, pero hay otro puñado de cosas que no controlo: amistades, objetivos, sueños, realidades... Mi control es mínimo. Y, aunque aún no llegue a ser distópico, mi mundo parece pertenecerme menos cada día que pasa.

Por cierto, hoy el cielo estaba espectacular, de postal, de cine. Las nubes parecían jirones de algodón sobre un azul cielo, real. El tono es exactamente el que pintamos cuando somos crios, no ese amarillo-grisáceo que tienen las ciudades. Casi podía soñar que lo tocaba con mis dedos. Pero el cielo, como muchas otras cosas, está cerca y lejos a la vez. Y eso, me pone triste.

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